jueves, 28 de julio de 2016

Di mi nombre, p… or favor


A lo largo de los años me he dado cuenta de que se utilizan varios “términos” para llamar a una persona con alguna discapacidad, algunos ofensivos, algunos graciosos, pero la mayoría incorrectos. Y es que he escuchado de todo: Discapacitados, inválidos, enfermitos, personas con capacidades diferentes, personas con capacidades especiales, por mencionar los más comunes. Este último, sin duda, es el que me causa más risa, ¿acaso podemos volar o respirar bajo el agua?
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Si bien no soy de los que se molestan u ofenden por cualquier cosa y quieren desatar una tormenta en un vaso de agua, palabras como “discapacitados” o “inválidos” me parecen por de más… simples. Me parece que clasificar a alguien así, sea cual sea su situación, es restarle todo valor al concepto de persona; soy más que una silla de ruedas, soy más que un diagnóstico médico. Y aunque no estoy de acuerdo en reducir a una persona a una etiqueta determinada por un gusto, pasatiempo o condición, creo que al menos hay que hacerlo bien.

discapacidad
De tener que decir uno, me quedo con “personas con discapacidad”. Y es que eso somos, personas. Basta de fomentar la segmentación, la separación entre quienes tenemos alguna discapacidad y quienes no, ya que este tipo­ de detalles son los que nos llevan a olvidar que una discapacidad no es un individuo, que detrás de ella hay una persona que, como a cualquiera, se le puede aprender a conocer.

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