lunes, 1 de junio de 2015

El emotivo libro de un ilustrador a su hijo down

El dibujante argentino Gusti, radicado hace 30 años en España, dedicó un libro conmovedor a su hijo con síndrome de Down y dio la clave de ese amor: “Lo quiero con pasión, no con compasión


En Barcelona nació un buitre quebrantahuesos al que le pusieron “Gusti”, en honor al ilustrador argentino Gustavo Rosemffet. Es un pájaro aguileño que remonta los abismos. Igual que el dibujante.
Desde las alturas, el ave arroja animales contra las piedras, para quebrarlos y hacerlos más digeribles.
Desde las profundidades, Gusti renace, se trepa con sus crayones por los horizontes verticales y vuelve a asomar a la superficie cada vez que su hijo Mallko sonríe. Por la sonrisa del niño, Gusti es capaz de replantear su carrera y ponerla al servicio de la inclusión social.
Mallko tiene ocho años, juega a ser un elefante, también un conejo, es hincha de Messi, escucha los Red Hot Chili Peppers, se calza anteojos de payaso, se trenza en lucha con el hermano, rasguea su guitarra. Tiene síndrome de Down. Y el protagonismo absoluto de un libro conmovedor que se llama Mallko y papá y pinta la relación que comparten en el vuelo de la vida, como un águila y su pichón.
“Recuerdo hace unos años haberle pedido al Universo, al gran espíritu, o como quieran llamarlo, la oportunidad de experimentar ‘el amor incondicional’. Nada de pequeñas aproximaciones, sino el amor verdadero. Se ve que hay que tener cuidado con lo que uno pide, porque se te concede”, escribió Gusti en la publicación, de Editorial Océano, a modo de presentación.
Cuando Mallko nació, la sensación de impacto que tuvo Gusti quedó expresada de manera dramática en una doble página escrita con mayúsculas que grita: “NO LO ACEPTÉ”.
A partir de esa lejanía, la historia da un vuelco y garabato por garabato, dibujito por dibujito, como si fueran piezas de juego para dos, Mallko y papá construyen un vínculo enriquecido por los colores, las fotos intervenidas, el risueño ataque al castillo de la comodidad que tenía el artista antes de la aparición del niño, los collages compartidos.
El libro está impreso con la tinta del cariño y tiene un mensaje que hace recordar el cortometraje Las mil millas de Luca, sobre otro nene con síndrome de Down, y la película María y yo, un documental sobre el autismo.
Mientras dibuja un león, en un café de Palermo, Gusti recibe a Viva y se pregunta: “¿Qué pasaría si el mundo fuera al revés, si nosotros fuéramos los ‘diferentes’. Si las personas con Down fueran mayoría y los que tenemos un cromosoma menos, la ‘excepción’. Cuando me hice ese planteo, dibujé a Los Beatles con los ojos rasgados, con forma de almendras, imaginé a Caperucita Roja en silla de ruedas, a los Siete Enanitos ciegos, al gato con ‘bota’, sin ese, con una sola bota. Hice ese ejercicio de ‘discapacitar’ a los personajes clásicos de la literatura infantil... y no pasó nada, porque el humor es sanador y el arte, una terapia, un espacio de inclusión”.
Con técnicas de periodismo ilustrado, Gusti describe los diferentes estados por los que atraviesan los miembros de una familia que comparten sus días con chicos como Mallko, traviesos, inquietos, fanáticos de la música a todo lo que da. Y es Theo, su hermano adolescente, el que provoca un vuelco fantástico en la narración dibujada.
Gusti nació en el ‘63, estudió en la Escuela de Arte Fernando Fader, trabajó para la compañía de animación Hanna-Barbera, ilustró revistas infantiles como Cosmik y Billiken y hace 30 años se radicó en Europa, donde fue multipremiado.
Alto en la torre de su castillo, Gusti vio llegar a Mallko y su arte se transformó.
Hoy, a los 52 años, es uno de los fundadores de la asociación sin fines de lucro Windown-La Ventana y, además,  director artístico de La Casa de Carlota, entidades que abren sus talleres y conocimientos a personas “con alguna discapacidad y muchas otras capacidades”. Allí, las hojas canson se van poblando de valores.
Está Gusti a punto de terminar su león de crayón, que embellece una dedicatoria a un lector. “Lo quiero a Mallko  con pasión, que es mejor que la compasión. Y armé este libro con todo mi amor, porque el amor de verdad nunca cuenta los cromosomas. Y porque este enano me abrió el corazón”

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