miércoles, 10 de junio de 2015

Denuncian acoso y amenazas en un centro de dependientes de Castellón

  • Es la queja realizada por un hombre de 56 años ante el Síndic de Greuges

  • Dice que sufren acoso, violación de la intimidad, amenazas y negación de auxilio

El centro Gran Vía está gestionado por una empresa.
El centro Gran Vía está gestionado por una empresa. E. M.
     
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El Síndic de Greuges de la Comunidad Valenciana ha confirmado que el pasado día 20 de mayo admitió a trámite una denuncia de un dependiente físico, usuario de la residencia Gran Vía de Castellón, en la que G.A. pone en evidencia que este centro concertado -que gestiona una empresa privada-, ha sido un «caos» desde su puesta en funcionamiento en 2012 y sus gestores están incurriendo en distintas supuestas irregularidades, muchas de ellas «delictivas», al juicio del denunciante.
Vista la queja, el Síndic solicitó a finales del pasado mes de abril a la Conselleria de Bienestar Social que realizara un informe para estudiar la veracidad de dicha denuncia. No obstante, pasado un mes desde que el asunto fuera enviado a la Conselleria, ésta no se ha pronunciado y así el Síndic ya ha enviado el primer requerimiento al departamento de Bienestar Social.
El dependiente físico, de 56 años de edad, que no para de sufrir embolias por padecer el síndrome de Trombofilia, asegura que junto a muchos de sus compañeros han visto negado su derecho a la Justicia ya que «no se nos permitió hablar con la policía, con el fin de no acumular quejas el centro».

Los datos del ordenador

«No nos quieren dar hojas de quejas para Conselleria y han violado mi intimidad al entrar en mi ordenador y borrarme el fichero y cuentas de internet por considerar que podían ser posibles denuncias», precisa G.A., quien también evidencia una «deficiente atención» por parte del personal auxiliar, que, en su opinión, es fruto de la «desidia e inexperiencia» de la dirección del centro.
«No prestan la suficiente atención sanitaria y hay que pedirla a gritos, desde medicamentos a visitas a un especialista», explica G.A., relatando también vejaciones, intimidación y amenazas, así como un estrés desmedido provocado por «persecuciones» por parte del personal auxiliar.
«Han negado las evidencias hasta el punto de hacerte pasar por un enfermo mental y, o callas o te meten un tranquilizante como le ocurre a un residente de nacionalidad rumana», denuncia G.A., insistiendo en que ha intervenido en el centro el Consulado de Rumania por petición de amparo de uno de sus ciudadanos residente en el centro Gran Vía.
En opinión de este dependiente, uno de los problemas que más sufren a diario, y que perfectamente se podría solucionar a través de las propuestas que han realizado los propios usuarios, son los gritos que deben soportar continuamente ya que hay personas que están chillando las 24 horas, y hasta incluso por la noche se ponen a cantar y arrastran muebles, lo que no deja dormir al resto de usuarios.

Fuertes gritos

«El concierto que se realizó en su día en este centro trata de unificar a cualquier persona mentalmente normal o con plena capacidad cognitiva con discapacitados psíquicos y, en estos momentos, en el mismo edificio estamos un 4% de dependientes físicos y el resto de discapacitados psíquicos», pone de relieve el denunciante asegurando también que los pasotismo de la dirección y del personal, que no hace nada para evitar los gritos y genera también muchos de los mismos.
«Muchas veces los auxiliares se reúnen en el control y sus risas y chillidos son de tal magnitud que ahogan los gritos de quienes les llaman para pedir ayuda», asegura G.A., matizando que, a veces, se recluye en su habitación o se obliga a salir de la residencia para tener un poco de tranquilidad.
Aunque no generaliza y apunta que también existen profesionales que en el ejercicio de su trabajo saben controlar y tranquilizar a los discapacitados psíquicos, G.A. precisa que la «desidia y el pasotismo» cunde entre los sanitarios que los atienden. «El centro está regido por personas cuya única experiencia está basada en las residencias de Alzheimer», asegura el denunciante.
G.A., que ha sufrido 5 ictus provocados por su enfermedad, no se considera un enfermo mental y, por tanto, cree que la situación que se vive en el centro debe solucionarse. «Trabajo de voluntario en una ONG para asesorar a emprendedores, tengo mis capacidades cognitivas perfectamente y, por eso, creo que los dependientes físicos que vivimos en este centro nos enfrentamos a una absoluta indefensión, lo que he intentado solucionar a través de la constitución de una asociación que nos protegiera, pero desde el momento de su nacimiento he sufrido un acoso constante hasta el punto de que hay continuas quejas de mí en Conselleria. Además, asegura que su intimidad ha sido violada, ya que se han borrado ficheros de quejas y datos confidenciales de su ordenador y de su propio correo. Desesperado, G.A. deja patente en su denuncia que «si te quejas te hacen la vida imposible para que te vayas y renuncies a la plaza», algo que no está dispuesto a soportar más.

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