miércoles, 2 de septiembre de 2015

Apadrina una neurona caminando hacia sus sueños.


TENGO PARALISIS CEREBRAL,pero no estoy enfermo...este es el título del libro escrito por Jose Manuel Mancisidor Olaizola, Budy, y que hace un tiempo os presentàbamos aquí.
Sois muchos los que habéis leído su libro y le habéis conocido a travès de las redes sociales.
Para los que todavía no le conocéis, deciros que Budy es un paralítico cerebral de 51 años, que no habla , ni anda ....como el mismo dice "me ha fallado el cuerpo, pero no la cabeza" porque la normalidad ha sido la nota predominante en su vida.
Para nosotros Budy es mucho más que un paralítico cerebral, es un hombre con las ideas muy claras, divertido, cariñoso...con unos ojos verdes preciosos llenos de ternura y bondad. Lo pudimos comprobar este verano cuando fuimos a pasar unos días con él. Gracias Budy, por tu amabilidad y paciencia con nosotros, mostrándonos los lugares y gentes que han forjado tu gran personalidad.
Conocer a tu madre, ha sido un auténtico regalo, un referente, un ejemplo... tu madre, que en contra de familiares, amigos, vecinos...confío en ti, en tus posibilidades, que a pesar de tus limitaciones podías llevar una vida absolutamente normal. Y así ha sido.Gracias Miren, por haber parido a esta gran persona.
Budy, has aportado y tienes mucho que seguir aportando a nuestra sociedad.
Con tu preciosa sonrisa nos has robado el corazón.
Siempre seràs nuestro guía, nuestro camino, nuestra luz...
Apadrina una neurona caminando hacia sus sueños.

LAS PLATAFORMAS EN DEFENSA DE LA LEY DE DEPENDENCIA INSISTEN EN QUE LOS PRESUPUESTOS SON “LA CÁMARA DE GAS” PARA MÁS DE 430.000 PERSONAS

 

La Coordinadora Estatal de Plataformas en Defensa de la Ley de Dependencia del Estado Español (COES-Lapad) insiste en que los presupuestos que el Gobierno dedicará a la dependencia en 2016, con un aumento de 75 millones de euros, “son la cámara de gas para las personas dependientes”, pues se necesitarían 41 años para cumplir lo estipulado por la ley.
A través de un comunicado difundido este martes, las plataformas recuerdan que la lista de espera es de 433.852 personas, tras la reciente entrada de las personas en situación de dependencia valoradas con Grado 1 (Dependientes moderados). También subrayan que han muerto 117.000 dependientes y que durante la legislatura el Gobierno ha dejado de invertir 3.087 millones de euros a los que obligaba la ley.
Según el texto, la Ley de Dependencia obliga también a que esos aportes económicos deben ser de un 50% del coste real de esta atención y que actualmente “sólo se aporta el 17% del coste, aportando incluso más el propio beneficiario y dejando a las comunidades autónomas el sostenimiento ‘a pulmón’ de la atención a los dependientes”.
Las plataformas subrayan que el descenso de la lista de espera se produce por las muertes de dependientes y que, sin embargo, “se dispara al 37%, con datos de cobertura similares a los de noviembre de 2011, con 70.000 familias a las que se les ha hurtado la miserable prestación económica para cuidados en el entorno familiar, con más de 84.000 grandes dependientes”.
La coordinadora espera que la Fiscalía General del Estado resuelva una denuncia que presentó el 20 de agosto para frenar la situación, que califican de “un escándalo de enormes proporciones”. También pide a las distintas formaciones políticas que “utilicen todos los medios de los que disponen” para ayudar a las personas dependientes

Sanidad reconoce una lista de espera de 433.852 dependientes


Se trata del 37% del total de personas que tienen derecho a una ayuda

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Usuarias de una residencia de mayores de Burgos. / MABEL GARCÍA
Sanidad reconoce en las últimas estadísticas publicadas sobre dependencia que en la lista de espera hay 433.852 personas, un 37% del total de los que tienen derecho a una ayuda. Ello se debe a los dependientes leves, cuya incorporación estaba prevista el 1 de julio. Prácticamente la totalidad ha pasado a engrosar la lista de espera y eso deja una situación similar a la que se registraba en 2009, a pesar de las manifestaciones de los responsables gubernamentales, que insisten en que esta lista había bajado hasta un 15% del total de beneficiarios.
Una de las primeras medias que tomó el Gobierno de Rajoy al llegar al poder fue aplazar el calendario de implantación de la Ley de Dependencia, de tal forma que los dependientes moderados, los leves, no fueran atendidos hasta el pasado mes de julio. En una situación de crisis y recortes el Gobierno argumentaba que era prioritario atender a los que más lo necesitaban, los graves y los severos. Pero ni a los unos ni a los otros. Los datos oficiales del Gobierno muestran, además, que hay 91.421 personas con dependencia grave o severa que están por atender. El resto son moderados.
Las personas que han conseguido una ayuda en los últimos años eran menos que las que causaban baja en el sistema, de tal forma que prácticamente cada mes el balance era deficitario: menos beneficiarios atendidos. Pero la lista de espera no dejaba de bajar por lo que los expertos lo achacaron de inmediato a los muchos fallecimientos que se registran entre estas personas: son ancianos en su mayoría y con enfermedades incapacitantes. La Asociación Estatal de Directoras y Gerentes ha calculado, siempre con datos oficiales, que unas 100.000 personas han muerto estos últimos cuatro años esperando por una ayuda.

Los que están y los que faltan

  • Los últimos datos indican que hay 752.801 personas dependientes que están recibiendo ayuda. El resto, hasta 1.186.653, están en la lista de espera.
  • Hay 32.312 grandes dependientes y 59.109 dependientes severos en la lista de espera. El resto, hasta 433.852, son los moderados.
  • País Vasco, Asturias y Cantabria son las que más dependientes leves han atendido desde el 1 de julio. Andalucía, Aragón y Valencia, las que menos.
  • Aragón, Galicia y Murcia son las que tienen más dependientes graves y severos pendientes de atención.
Para el Gobierno, sin embargo, era la eficacia en la gestión lo que hacía descender la lista de espera, que aún cifran en un 15% en un documento oficial colgado en la web del Ministerio de Sanidad. Y no quieren oír hablar de muertos, como dejó claro la responsable ministerial de Servicios Sociales, Susana Camarero. Sin embargo, en aquellas comunidades en las que gobierna el PSOE, como en Andalucía, los populares calculan con una precisión de relojero los fallecidos sin haber recibido su ayuda: 7.781 en Andalucía, según recoge la web del PP. En su primera comparecencia en el Congreso tras ser elegido ministro, Alfonso Alonso se congratuló de lo mucho que había bajado la lista de espera y anunció nuevas incorporaciones de usuarios al sistema en julio. Se han incorporado,pero por ahora solo a la lista de espera. Un portavoz del ministerio dijo este martes que la lista de espera ha aumentado porque no es fácil para las comunidades atender de pronto a todos los moderados, pero aseguró que alrededor de un 15% ya tienen ayuda. Y recordó que se ampliará el crédito para ello.

Pacto de Estado

La financiación anunciada en los Presupuestos Generales del Estadopara 2016 ha experimentado un incremento de 75 millones para dependencia. Con eso, “atender a todos los que esperan llevaría 25 años”, calculan los expertos. “Es imprescindible un pacto de Estado que replantee el modelo de financiación del sistema de dependencia, con epicentro en el modelo de financiación autonómica a debatir en el Consejo de Política Fiscal y Financiera”, pidió este martes el presidente de la asociación de gerentes de servicios sociales, José Manuel Ramírez.

martes, 1 de septiembre de 2015

Trece euros de ayuda

Es lo que la Junta le paga a un chaval de 13 años, con una discapacidad del 99 por ciento, que se ha tenido que desplazar a 120 kilómetros de su casa para ser atendido porque en su ciudad no hay un neumólogo infantil


LARA VEGAS CASTILLA Y LEÓN 01/09/2015 - 14:32 CET
Aimar tiene 13 años, tiene una discapacidad del 99% y en febrero era ingresado durante 7 días en el hospital de Salamanca por problemas de salud.
A pesar de ser de Valladolid era atendido a 120 kilómetros de su casa, porque la Junta no dispone en Valladolid del material y del personal para atenderle.
Para estos casos existe una ayuda de desplazamiento que la familia ha solicitado. Acaban de recibir la respuesta de la Junta que les da tan sólo 13 euros. La normativa regula que los primeros 25 euros los debe pagar el paciente, un requisito que antes del copago sanitario la ley no incluía.
Escucha las palabras de la madre de Aimar, Reme Navas: Se trata de un caso muy similar a lo que le ocurrió a otra paciente hace varios meses que recibió 46 céntimos de ayuda.

CUANTO AMOR HAY EN LA MIRADA DE ESTA HERMOSA NIÑA


Gracias a vuestra difusión



Gracias a vuestra difusión la Cadena Ser se ha puesto en contacto con nosotros, nos han dado la oportunidad de explicarlo y denunciarlo públicamente, ya hemos grabado y nos han dicho que saldrá en el informativo de las 2 de la tarde y procuraran darlo difusión para que ésta ley tan injusta e inmoral cambie, y no se sigan dando estos casos día tras día. Muchiiisimas gracias!!!!:)

El sindicalismo de clase lo debe tener claro

No recortesPor unos servicios sociales públicos, democráticos y de calidad

Las diferencias sociales que genera el sistema económico imperante conllevan situaciones en las que sectores importantes de la población necesitan de la solidaridad del resto. Estas situaciones no han pasado desapercibidas para el conjunto de la sociedad. De esta forma, a lo largo del siglo XX fue surgiendo el concepto de “servicios sociales” tal y como hoy día es entendido por la mayoría de la población. Sin duda, una conquista histórica del movimiento obrero que con su lucha fue arrancando importantes concesiones, obligando al Estado y las distintas administraciones a destinar una parte importante del dinero público a las llamadas políticas de bienestar social, como forma de redistribuir la riqueza y garantizar así un mínimo nivel de vida al conjunto de la ciudadanía. Los sistemas sanitarios y educativos públicos, junto a los servicios sociales, son los pilares fundamentales del llamado “Estado del Bienestar”, imperantes en Europa Occidental tras la II Guerra Mundial.
Pero las tesis liberales defendidas por los neocon desde finales de los 70 fueron ganando cada vez más fuerza, planteando la disminución de la intervención estatal a todos los niveles, dejando a la sociedad en manos de esa entelequia denominada “leyes del mercado”. Una orgía de privatizaciones recorrió Europa (y el mundo), incluyendo al Estado español. Y los servicios sociales también se plegaron a estas tesis liberales, por lo que toda una pléyade de oenegés surgieron en los años 90 al calor de la privatización ((el 78,2% de los trabajadores del sector prestan sus servicios en empresas privadas). Es en este contexto general donde se enmarcan las leyes de Servicios Sociales de las distintas comunidades autónomas. La privatización pervierte en origen el objetivo que debieran tener los servicios sociales (la atención de las necesidades personales y sociales de las personas en dificultad), pasando a ser una fuente de negocio más para la patronal, de forma que el enorme caudal de dinero público destinado a cubrir necesidades sociales va desviándose en parte hacia otros menesteres, vía conciertos y subvenciones.
Además, la privatización conlleva que el sector de la Intervención Social sufra uno de los niveles de precariedad laboral más altos del conjunto de los sectores productivos (el empleo en los servicios sociales muestra una precariedad superior a la media del total nacional con una tasa de temporalidad 3 puntos superior a la media del conjunto de sectores y una tasa de parcialidad en los contratos 9,3 puntos superior a la media). Este hecho inevitablemente afecta a la calidad del servicio y favorece la represión interna ante cualquier actividad sindical de clase o cualquier disidencia metodológica. Lo que no sólo repercute en las condiciones laborales y salariales (el salario medio en servicios sociales es un 28% inferior al salario medio en España), sino que incluso limita a los trabajadores en uno de los aspectos fundamentales de su labor profesional: la defensa de los intereses de los usuarios, facilitando la arbitrariedad en la toma de decisiones que les afectan tanto por parte de las distintas empresas como de la administraciones. Además, la privatización también juega un importante papel político, ya que permite a las administraciones enajenarse de sus responsabilidades al delegar sus funciones en otras entidades.
Por otra parte, en un contexto como el actual de crisis estructural del sistema capitalista, la privatización está permitiendo que el sistema de servicios sociales pueda ser desmantelado con gran facilidad por su funcionamiento a base de convenios de carácter temporal para la prestación de servicios (basta con no renovarlos para hacer desaparecer el servicio. Entre 2010 y 2013 se perdieron 56.700 empleos en servicios sociales). Además, la enorme precariedad y atomización de los trabajadores del sector dificulta la respuesta organizada contra los recortes y el cierre de recursos. También hay que apuntar que la respuesta sindical ha sido insuficiente, cuando no inexistente. Nada justifica que ante la situación descrita CCOO y UGT no hayan movilizado de forma contundente al conjunto del sector en todo el estado.
Funcionamiento burocrático de los servicios sociales
Dicho esto, es necesario reconocer la existencia de organizaciones que actúan realmente sin ánimo de lucro, y que además realizan una gran labor. Son fácilmente distinguibles de las entidades sinónimo de lucro, ya que no buscan su expansión, sino profundizar en la labor que realizan, generalmente en un ámbito geográfico concreto, naciendo del tejido social de los distintos barrios donde están presentes. Estas asociaciones deben jugar un importante papel en el sistema de servicios sociales.
Los servicios sociales deben ser de titularidad y gestión pública, eliminado el lucro empresarial de la ecuación. Pero este hecho, por sí mismo, no garantiza la eficacia de los mismos. A pesar de la privatización, los servicios sociales tienen un funcionamiento excesivamente rígido y burocrático, profundamente antidemocrático. En la práctica, la capacidad de control ciudadano sobre los servicios sociales es nula, por lo que sus intervenciones suelen ser bastante ineficaces. O no, porque en muchos aspectos el sistema de servicios sociales está llamado más que a satisfacer necesidades a ejercer como un mecanismo de control social. Los programas de intervención por lo general se diseñan en despachos física y socialmente muy alejados de las zonas geográficas y sectores de población sobre los que se va a intervenir. Y esto es precisamente así porque se trata de intervenir sobre, y no junto a o en colaboración con los sectores afectados, que es como debiera ser.
Por tanto, los servicios sociales, además de públicos, tienen que ser democráticos. Y es aquí donde esas asociaciones realmente sin ánimo de lucro deben jugar un papel fundamental. Tanto el análisis de las necesidades como la elaboración de los programas de intervención deben surgir del tejido social de los propios barrios, del movimiento asociativo en colaboración con los profesionales de los servicios sociales. Y la ejecución de dichos programas debe ser supervisada por ese mismo tejido asociativo, junto a la Administración y los representantes de los trabajadores del sector. Además, las mencionadas asociaciones también deben mantener su capacidad de acción social directa, elaborando proyectos transversales, complementarios a la actuación de los servicios sociales públicos (actividades subvencionadas con dinero público pero circunscritas a espacios geográficos limitados y de no elevada necesidad presupuestaria, de tal manera que el afán de lucro no tenga cabida).
En resumen, los servicios sociales deben estar sometidos al control ciudadano, y el papel de los responsables políticos de la Administración debe limitarse a garantizar los medios necesarios para su desarrollo, así como al control sobre su correcto funcionamiento junto al tejido social. Por último, junto a lo mencionado hasta el momento, para garantizar la calidad de la intervención, es fundamental la formación continua y permanente de los profesionales del sector (algo que en la actualidad no sucede, salvo la realización de ciertos cursos y jornadas de nulo valor práctico y formativo, cuyo único objetivo es justificar las subvenciones que reciben las empresas). A la insuficiencia de la formación académica formal para el trabajo práctico, se suman los constantes cambios que se producen en el seno de la sociedad, por lo que una formación continuada y de calidad no sólo es deseable sino absolutamente imprescindible.
Por la dignificación del sector. Luchar por la aplicación inmediata del convenio.
El pasado 3 de julio se publicó en el BOE el primer Convenio Colectivo Estatal de Acción e Intervención Social. Sin embargo, la patronal se está mostrando reacia a su aplicación. Y es que aunque no es un buen convenio, las lamentables condiciones laborales del sector hacen que su aplicación suponga una mejora salarial media del 10%. Además articula por primera vez al sector, ya que hasta ahora ni siquiera teníamos convenio propio.
El malestar entre los trabajadores del sector es evidente y va en aumento, por lo que posiblemente este otoño veamos cómo saltan conflictos laborales en distintas empresas de "lo social". Porque ya estamos hartos de precariedad y tomaduras de pelo por parte de la patronal y sus representantes políticos en las administraciones, así como de las carencias en los servicios prestados. Es urgente visibilizar la situación de nuestros servicios sociales, plantando cara conjuntamente a la patronal. Los sindicatos de clase, junto a distintos colectivos representativos del sector (como Intervención Social en Lucha o la Plataforma en Defensa de la Atención a la Discapacidad), tienen que organizar una movilización unitaria y contundente con dos objetivos principales: revertir los recortes y la inmediata aplicación del convenio.
Pero no olvidemos que la única manera de lograr unas condiciones laborales dignas en el sector y una atención de calidad, es eliminando el lucro empresarial en los servicios sociales. Si somos los profesionales quienes realizamos la intervención (porque nadie más que los trabajadores saca el trabajo adelante), y las administraciones son quienes aportan los medios materiales, ¿qué papel juegan aquí las empresas? Ninguno, salvo trincar a costa de trabajadores y usuarios. Por eso, hay que acabar con la privatización de los servicios sociales y, entre todos, definir de nuevo qué es eso de los servicios sociales y cómo deben funcionar.